No a la Refoma Política

No a la Refoma Política

Bogotá noviembre 27 de 2017.- Los Acuerdos de Paz incluían el compromiso de crear herramientas para fortalecer la democracia colombiana por medio de una reforma política estructural.  Tres pilares principales motivaban esta reforma: la garantía de una autoridad electoral independiente e imparcial, la creación de herramientas para el control efectivo de la financiación de la política y de campañas y la promoción y protección de la apertura democrática para la participación de fuerzas políticas minoritarias.

Los 22 artículos que conformaban la reforma inicial mantenían estos objetivos y el espíritu del Acuerdo.  Si bien requería del trabajo legislativo para perfeccionarse, la reforma prometía la oportunidad de transformar elementos fundamentales del sistema democrático con el fin de lograr no sólo la transición pacífica de las FARC a la política sino también el fortalecimiento institucional de una democracia de partidos, con miras a largo plazo.

Pero la Reforma de 15 artículos que hoy vamos a discutir no es hoy una reforma estructural ni a largo plazo.   Es una pieza de legislación inútil y dañina para el sistema democrático colombiano.  No queda en pie ninguno de los tres pilares yendo en contra del Acuerdo y añade disposiciones que eliminan avances anteriores.

La autoridad electoral independiente desapareció al permitir que los magistrados se sigan escogiendo por el Congreso de la República en Pleno, “de candidatos presentados en razón de cinco por los partidos políticos que se declaren de gobierno, dos por los partidos políticos que se declaren de oposición y dos por los partidos políticos que se declaren independientes”.  El permitir que la conformación sea mayoritariamente de partidarios políticos del gobierno ataca el sistema de frenos y contrapesos. Además, al eliminar que su conformación se hiciera con miembros propuestos por las mejores universidades del país se mostró que no se quiere que este órgano sea verdaderamente independiente.

Las herramientas de control efectivo de la financiación de la política ni siquiera se discuten, pues no hay disposiciones que promuevan un cambio del centralismo electoral institucional actual.  Además, se eliminaron todas las nuevas funciones otorgadas al Consejo Nacional Electoral con el fin de fortalecerlo técnicamente.  Sin un control territorial avanzado y moderno, el Consejo Nacional Electoral no podrá contar con las capacidades técnicas para realizar el control sobre el grave problema que es el excesivo dinero en las campañas políticas.

No se promueve y protege la apertura democrática para la participación de las fuerzas políticas minoritarias.  La adquisición progresiva de los derechos para los movimientos políticos minoritarios quedó dependiendo de una ley estatuaria, sin plazo para su expedición.

Peor aún, se permite el transfuguismo en su artículo 2°. La fórmula que promueve para condicionarlo es una triste excusa para promover el personalismo político, la corrupción y la indisciplina partidista. En el pasado el transfuguismo se había corregido con el fin de que los partidos estén constituidos por ideas más que por individuos. Ahora, esta reforma suscita el retroceso.

No sólo no es correcto ni conveniente cambiar las reglas del juego de un escenario electoral que ya está en curso.  Esta reforma como viene planteada en la ponencia mina las bases de nuestro sistema democrático para promover modificaciones que van en contra del Acuerdo de Paz, pone en riesgo los avances logrados en otras reformas y debilita el sistema de partidos y la lucha por la transparencia del sistema electoral.

Ya no es una reforma estructural.  Ya no es una reforma democrática.  Ya no es una reforma de paz.

Por eso NO a la Reforma Política.