Meta, el medio ambiente como alternativa de desarrollo

Meta, el medio ambiente como alternativa de desarrollo

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“El departamento del Meta fue durante décadas el centro de operaciones ilegales del frente 53 de las FARC, uno de los más grandes de esa guerrilla. Hoy, tres meses después de la firma del acuerdo definitivo para la paz y dos meses después de iniciado el proceso de desmovilización, el Meta debe comenzar a consolidarse como el epicentro económico de lo que significa para el país la era del posconflicto.

No sólo porque aquí funcionan tres de las veintitrés zonas de concentración acordadas para el proceso de desmovilización de las Farc, sino también porque la economía del departamento y sus habitantes podrán disponer, por fin, de los 85 mil kilómetros cuadrados que conforman el Meta y que equivalen al 7,5% del territorio nacional.

Esto significa que junto a su gran riqueza hídrica –una de las más importante del país–, proveniente de los numerosos afluentes del río Orinoco, y a su inmensa variedad de especies naturales… la economía ganadera, agrícola y minera del Meta, así como su cultura de fuerte tradición vaquera, tiene en el posconflicto una nueva oportunidad para reactivar su economía.

Durante estos años, la economía del Meta ha girado en torno al petróleo. A partir de los años 40, compañías multinacionales buscaron petróleo en la Orinoquia colombiana. Y en los 70, los expertos mostraron las bondades petrolíferas del subsuelo orinoquense.

Desde entonces, han sido tantos los beneficios económicos que ha traído la industria del petróleo para el país, que con el aporte de las regalías departamentales y municipales, a partir de 1994, el Meta ha impulsado programas y proyectos en los diferentes sectores socioeconómicos que han permitido multiplicar los recursos provenientes de otras fuentes de financiación para su inversión.

En los últimos cuatro años, según el mapa de regalías del Departamento Nacional de Planeación, la industria de los hidrocarburos dejó al país más de 32 billones de pesos, siendo el departamento del Meta la región que más aportó con 12 mil billones de pesos, es decir el 32% del total de las regalías recibidas.

No obstante, la bonanza no viene sin consecuencias. Con la caída global de los precios del petróleo, en Colombia más de 40 mil personas se han quedado sin empleo. Aún más, la economía del país ha sufrido a causa de la amplia reducción de los ingresos que estaba percibiendo en los últimos años por la producción de este hidrocarburo. Esto último ha provocado que se detuvieran en su totalidad la exploración de nuevos pozos en el 2016 y, por tanto, que hubiera un retroceso en las reservas del país.

Para el Meta, esta situación ha sido especialmente perjudicial puesto que también ha significado una importante reducción en el desembolso de las regalías que recibe el departamento.

Esta situación es apenas un abrebocas de lo que nos depara el futuro si nos concentramos exclusivamente en un producto agotable y no renovable como el petróleo.

Pero hay un factor más al que quisiera hacer una breve mención: el fenómeno del fracking o exploración no convencional, que finalmente es una de las razones por las cuáles nos encontramos viviendo esta crisis del petróleo. Esta nueva metodología de exploración, proveniente de Estados Unidos, ha sacudido al mundo entero y ha golpeado a los países productores de crudo como el nuestro.

En la actualidad, países como Estados Unidos, Canadá, China y Argentina están implementando este nuevo método de sustracción de crudo. Sin embargo, lo hacen a expensas de las múltiples consecuencias ambientales que podrían llegar a ser mucho peores que las económicas si no empezamos a buscar un punto de equilibrio que promueva la exploración de nuevos pozos sin afectar el medio ambiente.

Antes del auge del petróleo, el Meta tenía un sector agropecuario consolidado, al igual que un sector agroindustrial en proceso embrionario que debe seguir adelante.

Entre los años 2000 y 2005, el Meta era el primer distribuidor del país con más de un millón de toneladas de arroz, palma y soya al año. Hoy, ese lugar le pertenece al Tolima, seguido de Huila y Casanare.

¿Qué sucedió entonces en el Meta en los últimos 10 años? ¿Cómo se explica que el 59% del departamento sea considerado como área agropecuaria y su producción haya disminuido? Pareciera que esa favorable bonanza petrolera que vivimos durante la última década hizo concentrar gran parte de la economía únicamente en el petróleo, el cual todavía no termina de recuperarse y aún peor, se acabará totalmente algún día.

Si miramos con detenimiento el comportamiento de la producción de petróleo entre 2015 y 2016, solamente en el departamento del Meta, la reducción fue del 69.1%, lo equivalente a 247 mil 926 barriles menos en el lapso de un año.

Por eso, desde la Presidencia del Senado queremos explorar, con ayuda de todos ustedes, las alternativas que tiene el Meta no solo para mantenerse como el primer productor de crudo de Colombia, sino también como el eje para descubrir nuevas posibilidades en la economía nacional.

Justamente, no podemos ignorar que el departamento se ha convertido en una de las regiones con mayor afluencia de turistas.

Gracias a sus magníficos paisajes y a una que otra maravilla de la naturaleza, el Meta está descubriendo su propio potencial turístico.

Por eso estamos hoy aquí reunidos con la Ministra de Comercio, Industria y Turismo, con el ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, con el ministro de minas y energía, con la gobernadora del departamento, el alcalde de Villavicencio, con especialistas de las dinámicas de la región y con algunos de los senadores de la república para encontrar nuevas alternativas de desarrollo económico en la región en las que el ecoturismo es, sin duda alguna, una de ellas.

En el año 2013, la Sociedad Internacional de Ecoturismo definió el ecoturismo, o turismo ecológico, como “un viaje responsable a las áreas naturales que conservan el ambiente y mejoran el bienestar de la población local”.

Ese mismo año, la ONU reconoció al ecoturismo como un recurso clave para luchar contra la pobreza y proteger al medio ambiente. A través de una resolución histórica, el organismo internacional instó a los Estados miembros a adoptar políticas tendientes a promover esta industria.

El año pasado, la organización Ethical Traveler, que busca fomentar la protección de los derechos humanos y el medio ambiente a través de la inyección económica del turismo,  incluyó a Uruguay y Panamá entre los diez destinos más éticos en el mundo por los proyectos turísticos que adelantan y que promocionan el bienestar social y natural en las visitas a su territorio.

De hecho, la tendencia mundial en las últimas dos décadas ha sido, justamente, la de integrar estrategias de conservación ambiental a los planes de desarrollo de los países.

Según cifras de la Sociedad Internacional de Ecoturismo, este tipo de turismo ha venido creciendo sostenidamente un 20% por año. Sólo en el 2004, el ecoturismo aumentó un 300% más rápido del porcentaje que tiende a aumentar la industria del turismo tradicional.

En Colombia, el ecoturismo lo define la ley 300 de 1996, como un “turismo especializado  y dirigido que se desarrolla en áreas con un atractivo natural especial y se enmarca dentro de los parámetros de desarrollo humano sostenible”.

Y aunque en Colombia estas estrategias atraviesan algunos de los puntos más importantes del Plan Sectorial de Turismo 2014-2018, con la paz ha llegado el momento de reimpulsar el ecoturismo  desde las maravillas naturales que, por causa del conflicto armado, estuvieron vetadas al público, como es el caso de Caño Cristales, el cual tuve la fortuna de conocer el 17 de julio de 2015, una fecha que nunca olvidaré.

Recuerdo que ese día tuve la sensación de estar ante uno de los destinos más importantes de Colombia. Me vi obligado a mirar lentamente ese paisaje, a sentir cómo el tufo de la tierra caliente se cuela por la nariz y hace más perceptible el ruido del agua y los colores del río más hermoso del mundo.

Es justo que hoy, en estos espacios donde ahora llega la paz, llegue también nuestro conocimiento para poder preservarlo, admirarlo y valorarlo por lo que es y por lo que puede llegar a significar para nuestras futuras generaciones y para la economía de la nueva Colombia.

Por supuesto, la guerra nos ha privado de estos lugares y nos ha hecho carecer de información sobre su biodiversidad y capacidades, un problema que para los expertos es también una amenaza, ya que el desconocimiento nos impide predecir, por ejemplo, el comportamiento de los ecosistemas y sus especies frente a las consecuencias que ya estamos viviendo por el tema del cambio climático.

Por tanto, para incluir, como debe ser, a Caño Cristales y demás maravillas ecológicas de una Colombia en paz, debemos iniciar, cuanto antes, una segunda expedición botánica como la emprendida por José Celestino Mutis a finales del siglo dieciocho.

Esto nos obliga a pensar en la implementación de medidas para mejorar la infraestructura turística, antes inexistente, con la que cuenta el departamento.

Hace tan solo unas semanas, el pasado 9 de enero, el país lamentó el colapso de un puente colgante que conectaba una reserva natural con la vereda El Carmen, el cual terminó siendo fatal para ocho personas y dejó heridas a otras doce, incluyendo a tres niños. Si bien el puente era para los habitantes de la zona, terminó convirtiéndose en un paso obligado de los turistas interesados en conocer la reserva. Hoy ya sabemos que esta buena intención fue un llamado de alerta para comenzar a trabajar en este aspecto.

Pero cuando hablo de infraestructura no sólo me refiero a puentes. El departamento padece de una infraestructura insuficiente en término de vías, medios de transporte, bienes y servicios que no dan abasto para el crecimiento del 18% que experimentó el turismo en la zona el año pasado y el aumento de más del 70% en la ocupación hotelera.

Si bien estamos apenas comenzando a trabajar juntos en esto, desde el Senado de la República se han hecho algunos avances en materia ambiental y de turismo como la aprobación de la ley 171 que busca promover la siembra de árboles en todo el país. También se destinaron dos dos días de debate a los retos que enfrenta actualmente el sector petrolero en Colombia, y está pendiente de discusión en comisión quinta, el proyecto sobre cambio climático del senador Luis Fernando Duque.

En uno de los tantos debates realizados por la Comisión 6ta, la Ministra de Comercio, Industria  y Turismo, la doctora María Claudia Lacouture, reveló que existen cerca de 79 mil millones de pesos de recursos propios para el turismo, los cuales no han podido ser utilizados por un tema de regla fiscal del Ministerio.

Este dinero es fundamental, señora Ministra, para reforzar el turismo en el país  y en el departamento del Meta… para que la región se conecte con las demás regiones y se protejan los recursos naturales que son de gran importancia para la nación.

Desde la Presidencia del Senado estamos dispuestos a contribuir en la búsqueda de soluciones a esta situación con el Ministerio de Hacienda; e incluso a crear una comisión especial que estudie cada una de las posibilidades que tiene el Meta y los llanos orientales para el fomento del turismo y el ecoturismo como nuevas alternativas de sostenimiento económico y medioambiental.

Señoras y señores: creo que no existe mejor carta de presentación para un país en posconflicto, que pasar de ser admirado por las coloridas imágenes de paisajes en libros y documentales a convertirse en una nación que ofrece al mundo experiencias de vida gracias a su riqueza natural.

Agradezco a todos ustedes, señores ministros, honorables senadores, invitados especiales y al auditorio en general, por su asistencia y participación en este foro regional, el noveno que realiza el Senado de la República desde agosto de 2016 y el primero de este 2017.

Como ven, los temas que nos esperan en las dos mesas de trabajo exigen nuestro mayor compromiso. Tenemos el reto de convertir la mayor riqueza del Meta, su biodiversidad, en la nueva alternativa de desarrollo responsable, ético y sostenible.

El ecoturismo y la protección de nuestro medio ambiente son el camino. Es la profunda convicción de que la recuperación económica y ambiental del Meta comenzará a ser posible y perdurable.

Muchas Gracias”.

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